Y antes. Muchos años llegan aquí en enero. Y no se libran de las nevadas. En alguna ocasión murieron pollos, y padres incluso, atrapados en sus nidos y sin nada que comer.
Hace una semana vi la primera en la vega de Reinosilla y en Villaescusa ya hay algunos nidos en plena restauración.
Es un animal tan peculiar, tan simbólico, que esperaba encontrar muchas historias sobre ella.
Y la verdad es que no. En España parece que sólo se le relaciona con el nacimiento de los niños.
Ojalá alguien sepa de más...
A este respecto se me ocurre contar una historia de infancia.
Cuando era niño decían que los niños venían de París y que los traían las cigüeñas colgando en un hatillo que depositaban en las casas donde se les esperaba.
No recordaba bien cuando fue la primera vez que las vió. Quiza hacía dos años que se había percatado de su llegada, así, de pronto, ayer no estaban y hoy sí. Pero nunca las había visto llegar con un bulto a cuestas. Y como venían también marchaban, como si nada.
No, nunca las había visto con niños, pero sí cargando palitos, culebrillas...
Aunque la verdad es que siempre que se acercaba a contemplar a un bebé le parecía un ser extraño. Mirando a su alrededor atónito, con una media sonrisa, como cuando los mayores cuentan un chiste gracioso que no entiendes y te ríes porque es gracioso, dicen. O llorando y gritando, balbuciendo sonidos incomprensibles que ni los padres parecían entender.
Tendrá hambre, Tendrá pis, o caca! Le dolerá la tripa... Pero nada era seguro.
Ante ese idioma extraño, el bebé andaba algo desconcertado y a menudo se conformaba con comer y dormir todo el día. ¿Cómo iba a jugar con los demás o pararse a escuchar una historia increíble?
Por otra parte era lógico, hablaba francés, y nadie le entendía, menos aún él, que todavía iba a primer grado. Y es que venía de Paris, de París de la France!! .
Al cabo del tiempo van aprendiendo nuestra lengua, pensaba, porque no les queda más remedio, y poco a poco pueden pedir agua o llamar a mamá, jugar a los indios, pelearse en la escuela, aprender a sumar... y hasta tabla del tres!
El ya no se acordaba de nada en francés, tampoco de haber sido muy pequeño, aunque la tata le contaba muchas veces. Se entendía con los demás, aunque algunas palabras de los mayores se le resistían, pero se defendía bien.
Haciendo esta reflexión se le ocurrió pensar lo siguiente:
¿Los niños de París entiende lo que les dicen? ¿Las mamás francesas entienden a sus bebés? Quizá las cigüeñas en Francia van cargadas con niños de países lejanos... Y tampoco se enteran de nada!
Creo que cada pueblo debería tener su fábrica de niños.







